23.10.06

La cena con el Tío Enrique


Autora: Bénédicte Froissart, con ilustraciones de Pierre Pratt, Col. A la orilla del viento del Fondo de Cultura Económica, año 1993.

Un tío como el que cualquier familia puede tener, desopilante y divertido para los chicos, un poquitín ridículo para los adultos, asi es este familiar que una noche llega a cenar vestido con una camisa estampada con cuadraditos dentro de los cuales, hay una gallinita de color. El tío conversa con su hermano y su esposa, mientras los chicos -en silencio- asisten a la seria charla de los mayores recordando que ese tío se convierte en la niñera más ocurrente en esas noches que ha venido a cuidarlos y juega con ellos y les inventa historias llenas de aventuras que no invitan precisamente a irse a la cama. Pero este no es momento de juegos ¿o sí?
La cuestión es que de pronto, una gallinita se escapa de la camisa y se sube al hombro del Tío Enrique, y desde allí, hace reverencias a los tres niños que apenas pueden contener la risa frente a la sorpresa. La gallinita baja a comer las miguitas de pan que han caído sobre la panza del tío y picoteando, le provoca al hombre unas comezones irrefrenables que hacen estallar en carcajadas a los niños, mientras los adultos se incomodan ante lo que creen, es una nueva payasada de un adulto con alma de niño.
La compostura en la mesa se pierde por completo cuando la gallinita –a la que sólo ven los niños- pone un huevito naranja en la copa de postre del tío; obviamente, en la primer cucharada, el huevito naranja va a parar a la boca de Enrique y allí, comienza a crecer hasta inflarle el cachete e impedirle hablar y otra vez, más muecas y payasadas de Enrique y los niños que ríen y los padres que pierden la paciencia.
La gallinita vuelve a aparecer en el hombro del tío esta vez, los niños se miran entre sí y uno de ellos, salta de la silla para atraparla, pero el resto de las gallinitas que se han quedado en la camisa, salen de ella, en ayuda de su compañera de estampado y lo rodean, provocándole con sus plumitas, un ataque de estornudos que desparraman gallinitas por toda la mesa. El padre de los niños llama al orden de inmediato, reta a los niños, pero el piadoso tío que ve que este momento mágico ha ido demasiado lejos, silba tres veces y el ejército de gallinitas vuelve al instante a su camisa. Los niños quedan fascinados, los padres no tanto es que, al decir de la propia voz del narrador, que es uno de los niños, “las camisas de fantasía no tienen explicación” (bueno, al menos no parecen tenerlas para el mundo de los adultos).

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Lei este libro con mis hijos, con cada uno de ellos y la verdad es de esos libros "raros" que apelan al absurdo pero que a los chicos -al menos a los mios- parece no motivarlos demasiado.

2:11 p.m.  

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