9.11.06

Barbanegra y los buñuelos


Autora: Ema Wolf, ilustración de tapa: Sergio Kern. Colección Libros del Malabarista, Ediciones Colihue, Ed. 1995

Un libro de ésos a los que Ema Wolf nos acostumbra y nos hace lecto-dependientes, dependientes de su humor, sus personajes desopilantes y sus historias donde todo puede ir aún más allá de lo imaginable. La autora arranca con una historia de piratas, esta vez, un temible capitán llamado Barbanegra que se hace a la mar antes de que su mamá baje del barco y ahí nomás, la vieja (con cariño, Barbanegra) empieza a tejer tricotas para toda la tripulación y ni bajo el calor más agobiante está permitido que un marinero se quite el “pulovercito de mamá Barbanegra” pero alli no termina la tortura, la Señora Trementina, que así se llama, también prepara los buñuelos más duros de los que tenga memoria el mundo y guay de aquél que se niegue a comerlos –sobre todo porque el nene de mamá, promedia una ingesta de cuarenta buñuelos diarios sin perder un diente, mientras los pobres piratas no les queda una pieza dental en la boca, con la que sujetar las espadas en el momento del abordaje.
También conoceremos al hada Tomasoli, sin cuya intervención la suerte de Cenicienta sí que hubiera sido otra, es un secreto de modo que guarden discreción respecto esto pues, esta hada no sabía hacer con la calabaza nada más que dulce y por eso, la verdad verdadera es que la joven heroína de la historia tuvo que ir “a pata” a la fiesta y no perdió un zapatito, sino que dejó al salir el que más le molestaba, luego de tamaña caminata.
Otra verdad develada gracias a este libro es el nombre real de un virrey a quien la historia recuerda como Olaguer y Feliú: pues bien, el apellido del ilustrísimo señor era sólo Olaguer, mientras que Feliú se llamaba un gato que consiguió –treta gatuna mediante- llevar nuevamente al palacio a los trescientos cincuenta y nueve michifuces que habían sido expulsados por orden del virrey.
Un hombre se ha perdido y llama a un sagaz detective para encontrarse a sí mismo y el misterio se resuelve siguiendo la pista de dulces y otras exquisiteces que se esconden en la heladera, incluido al mismísimo señor extraviado.
Para conmover al más guapo, está la historia de “las medias hermanas”, dos medias que un descuidado soldado de la infantería escocesa separa por error (bah, pierde una) y las infortunadas quedan a océanos de distancia una de la otra hasta que, un final telenovelesco, las vuelve a reunir.Y para finalizar, en este libro nos encontramos primero, con un investigador que estudia la vida de los alces y sin querer, termina en un enredo amoroso con una hembra de esa especie, de quinientos kilos y luego, con un sombrerero que durante una tormenta, termina alojando bajo su gigantesco sombrero vecinos, animales, gente de otros pueblos, embajadores, gente de otros países, animales salvajes, gente de otros continentes y así, hasta que cesa la lluvia y “todo vuelve a la normalidad”.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Soy asidua a los comentarios de Myriam, y maestra, pero veo que varias veces cuentas el final de las obras. Como en este caso. Por favor dejanos en suspenso. NO cuentes los finales Myriam

9:03 a.m.  

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