6.11.06

¡Buenas noches!


Textos: Agnes Vandewiele, Ilustraciones: Vincent Desplanche. Colección: Mi Pequeña Enciclopedia Larousse. Año de edición 2005. Lectura recomendada a partir de 3 años.

¿Por qué los chicos se tienen que ir a dormir y los adultos se pueden quedar levantados? A la hora de los cuestionamientos infantiles, que no faltan sobre todo, al momento de mandarlos a la cama, se puede echar mano a este libro y demostrarles a los niños cómo y porqué, todos cumplimos un ciclo de vigilia y de descanso en nuestras vidas, grandes y chicos, en la ciudad y en el campo y sepan, que mientras ellos duermen y recuperan energía, toda clase de seres vivos labran intensa y pacientemente la vida nocturna.
No es un gran texto y en esta colección los hay mejores, incluso muy buenos para la edad a la que está dirigido; pero cumple su cometido de entretener y brindar un poco de información: por qué llega la noche, las estrellas y las fases lunares, cómo duermen algunos animales, cómo son las noches de invierno y las de verano, qué pasa al otro lado del planeta y un resumen de noches extraordinarias como la noche polar y fiestas como la de San Juan, Santa Lucía o Año Nuevo.
Los niños encontrarán en “¡Buenas noches!” reflejadas muchas de sus propias vivencias, algunas de las cuales los hacen reticentes a ir a acostarse: por qué se sienten cansados, la rutina de cepillarse los dientes, ir al baño y ponerse el pijama para dormir, qué pasa mientras dormimos: si roncamos, si hablamos, nos hacemos pis y cómo todos -lo querramos o no- transitamos ese terreno misterioso de los sueños y las pesadillas.
También pueden comprender la relación entre algunos ruidos nocturnos que se oyen por la casa o por el barrio, al ver gatos y ratones que andan despiertos en la noche, mientras los perros duermen pero están alertas y qué pasa en el jardín: cómo reaccionan las plantas y las flores cuando no hay sol, qué hacen los insectos, los sapos, las lechuzas, babosas y caracoles y además, el libro ilustra a los niños acerca de la vida noctámbula de animales salvajes como el castor, el búho, los conejos, los lobos o el hipopótamo. Por último, otros ruidos nocturnos en la ciudad están vinculados a otros aspectos de la noche: los sitios bailables, restaurantes, cines; así como a los oficios y profesiones que no se detienen aún cuando se termina el día: pilotos de aviones, trabajadores de imprentas, panaderos, médicos y enfermeras, pescadores, bomberos y conductores de trenes.