21.11.06

El cuento de las mentiras


Textos recopilados por Juan Moreno y Margarita Barloschky; Ilustraciones: Sanyú. Colección Pan Flauta de Primera Sudamericana. Editado en marzo de 1996.

Personalmente, pertenezco a esa generación que creció cuando sólo había cuatro canales de TV y la familia podía disponer que los chicos no vieran más de una hora diaria de televisión, entonces jugaba mucho, andaba en bicicleta, visitaba casas vecinas pero sobre todo, leía. No leía porque hubiese en mí, por esos años, una ávida lectora, leía porque mi mamá en cuanto le iba con la sonatina de “me aburro” su única respuesta era “lee”. Y así, cuando languidecía por la casa a la hora de la siesta los fines de semana, cuando en vacaciones al calor agobiante los cubitos de hielo de la vieja Siam no eran más que un gran charco de agua tibia, o los días de frío o de lluvia cuando suspiraba sin encontrar qué hacer, la voz omnipresente de mi madre con su “lee” me llevaba a la biblioteca –variada, pero no muy grande- de mi casa, donde me esperaban: Un diccionario viejísimo, la Biblia, el Martín Fierro, el Quijote de la Mancha, varios tomos del “Lo sé todo”, una serie de clásicos de una colección tan maltrecha que se me desarmaba en las manos, Los cuentos de la selva y un volumen de edición española con leyendas de todo el mundo.
Eran tiempos en los que cualquier niño/a acumulaba saber enciclopédico, la formación religiosa grababa en nuestra memoria las parábolas de Jesucristo y las máximas parecían salir de todos los lados, hasta de las frases que había en el anverso de las hojas de un calendario. Creo que atravesada en uno y mil modos por la influencia de todas esas páginas que mis dedos recorrieron infinidad de veces en mi infancia es que me detengo a leer frases célebres hasta en los sobrecitos de azúcar y adoro las fábulas, esas narraciones populares anónimas y sin tiempo, que tenían como finalidad dejar una enseñanza altruista en los lectores; sé que es un fin baladí el que persigue este tipo de lecturas, también sé que esta clase de textos no forman parte ya de la corriente en la que se orienta la literatura para niños y jóvenes, pero cuando alguna historia de éstas se me escapan de los labios para entretener a los hijos de mis amigas y los chicos se detienen a escucharme y prestan atención y luego los oigo elaborar sus propias reflexiones respecto de estos cuentos, me gana la emoción de pensar que aunque estén fuera “de onda” algo mágico hay en ellos y que el mensaje que conllevan aún no debe haber muerto si son capaces de llegar al corazón de una generación veloz e inteligente en muchos aspectos, pero también aturdida por el consumismo desmedido, los jueguitos de la computadora, los mensajes de texto del celular y la comida feliz.
Por eso celebro que existan libros como este de Juan Moreno y Margarita Barloschky que, justamente, reúne cuatro antiguas historias populares, la primera de origen egipcio (el mismo que le da el título a este libro) y otras tres surgidas de la cultura árabe, turca e iraquí, respectivamente. En ellos, un pobre pescador debe defender la honorabilidad de su hermosa mujer de la lascivia de un rey; un fakir corrige la conducta de un comerciante inclinado al robo y la mentira; un padre le enseña a un hijo que el dinero dilapidado de la fortuna familiar ha de permitirle distinguir a sus verdaderos amigos y un sabio alecciona a un hombre rico acerca de la piedad y el respeto que debe a su servidumbre. Historias con moraleja sin más ni más, para todos los que sabemos disfrutar de las antiguedades.