4.12.06

Las visitas


Autora: Silvia Schujer, Ilustración de tapa: Oscar Delgado. Colección Juvenil Alfaguara, de Alfaguara. Lectura recomendada a partir de los 12 años.

Cuando la realidad insiste en ser “un piélago de males” -como dice Hamlet en su monólogo principal- cualquier intento por desviarla de su objetivo sólo parece amplificar, con efecto demoledor, la desdicha cotidiana. Pero si un destino trágico es lo único que un niño puede narrar sobre su vida -entre los cuatro y los doce años- podemos decir que “Las visitas” es un relato crudo sobre lo que algunos adultos hacen u omiten hacer por la infancia.
Esta es la historia de un niño que ha crecido en la falsa alegría de un hogar donde hay un papá ausente -que el niño supone de viaje- una hermana que con seis años debe convertirse en el punto de apoyo y confidencia de una mamá desesperada, la que trabaja sin descanso en lo que puede pues, su marido está preso y una tía que brinda soporte económico con la compra de alimentos.
Son muchos los personajes que entran y salen de la vida de este niño, el que no entra ni sale de allí es el padre, hasta que un día pide verlo y entonces, los adultos simplemente borran ese cordón protector destinado al niño y sin reservas, le confiesan una verdad “a medias” (papá hizo algo malo pero nadie dice qué) y le confieren un rol más abrumador que el de ser depositario de esa verdad y es el de sostener las mismas mentiras que el resto de su familia: “...porque cuanto más me mintieron más tuve que mentir...” nos dice el personaje.
Sin vueltas, este libro ahonda en algunos golpes bajos que la vida reserva -vaya uno a saber por qué- a la niñez: el reencuentro con ese desconocido al que no recuerda como su papá sin la mínima contención familiar, la cárcel como lugar de ese encuentro y sus implicancias (la desnudez de la revisión, el control de la comida, de la ropa, la incautación de lo que está prohibido ingresar), los vecinos que prejuzgan, la presión de los compañeros de grado que dudan y quieren saber más y en medio de todo esto, crecer.
Así las cosas, a este nene y a su hermana de a poco, se le van apagando los sueños; el hogar y la escuela se convierten en fuente de nuevos conflictos; las visitas a la cárcel reducen su frecuencia semanal y la madre, ocupada en tantas cosas –pareja nueva incluida- calla y sigue, como si nada estuviera ocurriendo. “...yo no sé por qué, pero muchas veces tuve la impresión de que a nadie le importaba arruinar mi vida. A nadie, te lo aseguro...” confiesa el protagonista, pero en este punto del relato sabemos que es un preadolescente y que está enamorado y como quiere creer en el amor y preservarlo, le resulta imperioso que su chica conozca por anticipado su verdad, que es la razón de este libro; porque está convencido de que la verdad por dolorosa que sea es el buen principio de muchas cosas, porque sabe que ocultar la verdad o disfrazarla o decirla por partes, de algún modo es volver al terreno de la mentira y a los doce años, él está de vuelta de todo eso.