30.10.09

El león Kandinga, de Boniface Ofogo y Elisa Arguilé

El león Kandinga,
Boniface Ofogo (texto)
y Elisa Arguilé (ilustración).
Kalandraka, 2009.
40 pp., 26,5 x 21 cm.
ISBN 978-84-92608-01-0.

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El león Kandinga, de Boniface Ofogo y Elisa Arguilé, es un álbum que llama a la puerta con fuerza, acumulando argumentos para no pasar inadvertido.

Primero, por ser de Boniface Ofogo, un narrador camerunés que no solo destaca por una voz, una modulación y un repertorio propios, sino que incluye entre los elementos de su oficio una vestimenta llamativa y estudiadamente exótica (desde nuestro punto de vista, claro) como parte de una cuidada creación de ambiente. «Boni» cuenta en español y francés y es todo un placer oírlo.




Segundo, porque es una historia moral con moraleja expresa: «El león no pudo contestar. Murió víctima del veneno letal de la Serpiente Negra; aunque, en realidad, murió víctima de su avaricia y su egoísmo». En buena medida, la literatura infantil occidental se ha ido alejando de las moralejas definidas características de la literatura popular para adoptar caminos más oblicuos, en los que se invita a pensar y hablar, pero no se cierra el círculo. Los cuentos de Boni Ofogo, en cambio, vienen de la tradición oral genuina (con sus ventajas e inconvenientes).

Y tercero, porque la apuesta estética de Elisa Arguilé es, por decirlo de algún modo, radical: pocos colores, combinaciones estridentes, líneas muy gruesas y efectos de zoom y distorsión. Gustará o disgustará, pero no dejará indiferente. En la mediación con los niños me ha llamado la atención que uno ellos repasaba las líneas de una página con el dedo, una y otra vez, casi hipnotizado.

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11.1.07

Smara, o la celebración de la oralidad


Autora: Paula Carballeira
Ilustraciones: Carole Hénaff
Sevilla: Kalandraka Ediciones Andalucía, 2006
13,7 x 20 cm. 60 páginas con numerosas ilustraciones a color.
ISBN: 84-96388-14-X
Para lectores jóvenes y adultos

Voy a morir mañana, pequeño. He oído mi nombre en los gemidos de los perros que rodean Smara. Me hubiera quedado sola esta noche, pensando en los caminos que elije la muerte para llegar a nosotros, pero aquí estás tú, un extranjero en el desierto, un niño. Quizás sea cosa del destino que precisamente tú escuches mis historias.
Debes saber que le prometí a la muerte esperarla contando las historias verdaderas que solo a ella le pueden interesar. Son cuentos de magia, antiguas leyendas, estrellas fugaces en la noche de los tiempos. Se las contaría al té o a la luna si no estuvieses tú a mi lado. Y, por supuesto, reservaré la mejor para el final, cuando sienta los pasos de la muerte acercarse a mi puerta.
Tú no sabes nada de nuestro pueblo...


En un campamento saharaui, un joven europeo tiene la oportunidad de escuchar los relatos de la última noche de la anciana Ugago. Eso da pie a explicar cuentos, a pedir otros, a esbozar algunos y, con gran maestría y más voluntad de sugerencia que de significación directa, jugar con las estructuras narrativas y celebrar, en buena medida, lo que es sobre todo un festejo de la palabra oral. Hay reflexiones políticas, pero solo apuntadas; hay simbolismos, pero con libertad de interpretación para el lector.

Es el mismo juego que practican las ilustraciones de Hénaff, sencillas y coloristas, ligeramente ingenuas, con toques de collage y una composición que en ocasiones puede recordar a una alfombra.

Escrito por Darabuc

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